Una miniatura persa del siglo XVI homenajeando el ascenso de Mahoma a los Cielos, viaje conocido como miʽraj

Los milagros

Se denominan milagros a los eventos atribuidos a la intervención divina.

1. m. Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino. Diccionario de la Lengua Española (Vigesimosegunda edición)

Etimología

La palabra milagro, antiguamente miraglo, encuentra su origen en el latín miraculum, palabra derivada del verbo mirari, que significa «admirarse» o «contemplar con admiración, con asombro o con estupefacción». Los pueblos latinos llamaban miraculum a aquellas cosas prodigiosas que escapaban a su entendimiento, como los eclipses, las estaciones del año y las tempestades..

Esta forma latina se mantiene en francés, catalán y en inglés como miracle, y en italiano como miracolo, entre otras lenguas neolatinas.

Es así como, desde el punto de vista etimológico, la palabra milagro no dice relación necesariamente con una cierta intervención divina, sino que se liga al asombro ante lo inefable, tal como se planteara originalmente. A raíz de esto, milagro también puede referirse a un “2. Suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa.”, sin implicar fuerzas divinas.

Afirmaciones de milagros

Budismo

El Haedong Kosung-jon de Corea (Biografía de los monjes de las alturas) registra que el rey Beopheung de Silla había deseado promulgar el Budismo como la religión de estado, pero que fue impedido por la Corte. En el décimo cuarto año de su reinado, el “Gran Secretario” de Beopheung, Ichadon, concibió una estrategia para vencer a la oposición cortesana. Ichadon lo convenció de proclamar al Budismo como religión oficial a través de un sello real. Le dijo que en cuanto la Corte la recibieran, debía negarla y exigir una explicación. Ichadon confesaría en su lugar y aceptaría la pena de muerte y así sería rápidamente considerada una falsificación. Ichadon le profetizó al rey que en su ejecución un maravilloso milagro convencería a la Corte sobre la grandeza del Budismo. Todo iba según lo planeado y mordieron el anzuelo. Entonces, cuando Ichadon fue ejecutado en el décimo quinto día del noveno mes del año 527, se cumplió su profecía; la tierra se sacudió, el sol se oscureció, bellas flores llovían sobre sus cabezas, su cabeza amputada voló a las sagradas montañas Geumgang y se roció leche en vez de sangre treinta metros sobre su cadáver decapitado. La oposición aceptó el augurio como una manifestación de la aprobación del Cielo y ese día el Budismo se convirtió en religión oficial en el año 527 EC.

El Honchō Hokke Reigenki (c. 1040) de Japón relata diversos milagros budistas. Los milagros desempeñan un papel importante en la veneración de las reliquias budistas en el sudeste asiático. Así, Somawathie Stupa, en Sri Lanka, es un lugar de peregrinaje cada vez más popular y un destino turístico debido a los múltiples reportes sobre rayos de luz milagrosos, apariciones y relatos actuales, que a menudo se han registrado en fotografías y vídeos.

Islam

El Islam atribuye a su profeta Mahoma diversos milagros, el mayor de los cuales se considera que fue la redacción del propio Corán. La gran mayoría de estos milagros se relatan no en el propio Corán sino en los hadiz (dichos y acciones atribuidos a Mahoma por sus coetáneos, compilados muchos de ellos en la Sunna). Entre los milagros comúnmente atribuidos al profeta se incluyen la multiplicación de comida, la generación de agua, conocimientos ocultos, profecías, curaciones, castigos y poder sobre la naturaleza.

Existen también milagros descritos en biografías de sufíes de distintas épocas, entre los cuales están la clarividencia, la invisibilidad, la teletransportación, la producción de alimentos y la curación.

Cristianismo

Resurrección de Lázaro, (c. 1410) folio 171r de Très Riches Heures du Duc de Berry. Musée Condé, Francia

Resurrección de Lázaro, (c. 1410) folio 171r de Très Riches Heures du Duc de Berry. Musée Condé, Francia

Según el cristianismo, un milagro es en sí un hecho sobrenatural en el cual se manifiesta el amor de Dios hacia los seres humanos.

En el caso del Nuevo Testamento se encuentra una gran cantidad de milagros, principalmente aquellos realizados por Jesús.

Pablo de Tarso presentó al carisma de obrar curaciones y al poder de obrar milagros como procedentes del espíritu de Dios y destinados al bien común:

En cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que estéis en la ignorancia. (…) A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común. Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro fe, en el mismo Espíritu; a otro carisma de curaciones, en el único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad. I Corintios 12, 1.7-11; Biblia de Jerusalén

Para el cristianismo en general, el milagro sería un hecho sin explicación científica razonable. Agustín de Hipona ofreció la siguiente definición de milagro: «Milagro llamo a lo que, siendo arduo e insólito, parece rebasar las esperanzas posibles y la capacidad del que lo contempla» (De utilitate credendi, 16,34). Pero el mismo autor no pone tanto énfasis en los milagros como «desafíos a las leyes naturales». Agustín de Hipona marca que todos los hechos (ordinarios o extraordinarios) tienen una significación religiosa: visto desde el punto de vista de la fe, «tanto el crecimiento de la mies como la multiplicación de los panes tienen el sello del amor y del poder del Dios».

Iglesia católica

Tomás de Aquino, en el siglo XIII, definió milagro como algo hecho por Dios más allá de las causas conocidas por los hombres (cf. Suma teológica, I parte, q. 105, a. 7).

En la actualidad, la fe y la ciencia no se consideran excluyentes en la Iglesia católica, según señala el Concilio Vaticano II:

«[…] por la propia naturaleza de la creación, todas las cosas están dotadas de consistencia, verdad y bondad propias y de un propio orden regulado, que el hombre debe respetar con el reconocimiento de la metodología particular de cada ciencia o arte. Por ello, la investigación metódica en todos los campos del saber, si está realizada de una forma auténticamente científica y conforme a las normas morales, nunca será en realidad contraria a la fe, porque las realidades profanas y las de la fe tienen su origen en un mismo Dios. Más aún, quien con perseverancia y humildad se esfuerza por penetrar en los secretos de la realidad, está llevado, aun sin saberlo, como por la mano de Dios, quien, sosteniendo todas las cosas, da a todas ellas el ser. Son, a este respecto, de deplorar ciertas actitudes que, por no comprender bien el sentido de la legítima autonomía de la ciencia, se han dado algunas veces entre los propios cristianos; actitudes que, seguidas de agrias polémicas, indujeron a muchos a establecer una oposición entre la ciencia y la fe. Gaudium et Spes 36, 2 – Concilio Vaticano II

Como consecuencia de lo anterior, la posición actual de la Iglesia católica no es opuesta a la ciencia. El milagro no es considerado hoy un “suceso mágico” que controla las fuerzas cósmicas, sino -en la postura del Catolicismo- un suceso que dependería de Dios (de quien, por otra parte, también dependerían todas las leyes naturales). La atención no se centra en lo sorprendente o extraordinario del hecho ocurrido, sino en la autoridad de quien lo realizó (Dios). Además, el milagro sólo se concede por motivos que escapan al intelecto de la humanidad, y que se sitúan en el mismo misterio de Dios.

Hay, pues, hechos que resultan para la ciencia “inexplicables” por las leyes naturales, al menos hasta el día de hoy. La forma de interpretación de esos hechos depende de la creencia o del pensamiento de cada cual, y no definen al hecho en sí, sino a quien lo interpreta.

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